“Las pastillas de freno de antes eran mucho mejores”. Tal vez esta es una afirmación que has oído o incluso has afirmado tú mismo en alguna ocasión, pero nada más lejos de la realidad, tal y como explica Pere Banús, responsable del área técnica y de comunicación de Federal-Mogul Motorparts.
El desarrollo tecnológico de los coches de hoy en día exige que los materiales de fricción sean más eficaces, más duraderos y con unas prestaciones superiores.
Cuando la industria de la automoción no era tan sofisticada y los automóviles tenían menos potencia, las pastillas de freno se fabricaban con fibras como el amianto, un minar fibroso que, dadas sus características, aportaba unas buenas propiedades de resistencia a la fricción y al desgaste, pero que dejó de utilizarse en los años noventa y su desuso se fue intensificando con las sucesivas legislaciones que prohibían y acotaban su uso tras comprobar que era perjudicial para la salud.
Alternativas tras la prohibición del uso de amianto
Tras su prohibición, los fabricantes de pastillas de freno tuvieron que buscar materiales alternativos al amianto que mantuviesen las condiciones de frenado adecuadas para los vehículos, algo que de no conseguirse hubiera supuesto una merma importante en la seguridad.

Estas pastillas ya se encuentran disponibles tanto en equipo original como en el mercado de reposición.